Joker en la locura y el anti Joker en la cordura

(Advertencia: Spoilers en el artículo).

“El infierno son los otros” exclama Sartre y el diablo podría añadir y “el justiciero soy yo”. Con estas palabras se puede analizar la película de “Joker” con Joaquín Phoenix actuando como tal.

La vida del hombre se desenvuelve como lo que es, un drama cuyo escenario es la Tierra que habita y, todos los humanos que lo rodean son coprotagonistas – a menudo adversarios – en esta gran trama de su existencia. Así es la vida.

La historia del hombre, su drama, es ambivalente, puede vérsele desde dos ángulos distintos. El ángulo de la víctima que hace justicia por su propia mano como verdugo; o el ángulo de quien perdona y deja pasar – o recurre a cauces legales -, convirtiéndose en un gran héroe. Ésta es la elección que enfrenta Arthur Fleck como el Joker en la película, realmente es víctima de incomprensiones y abusos y, desde su mente profundamente enferma no alcanza a responder de otro modo más que con violencia y muerte.

Se puede vivir exigiendo a los demás que se ajusten a lo que yo deseo, en cuyo caso soy la víctima, y los protagonistas de mi vida son los otros porque no se someten y quedo en calidad de pasividad, soy reactivo únicamente, no proactivo; o, se puede vivir manifestando mi pasión y esforzándome por transformarla en el entusiasmo de los demás, mostrándola y dejando que la acepten los que quieran, en libertad, sin presión alguna, no soy víctima, soy protagonista de mi propia vida. Éste es el afán frustrado de Arthur por ser comediante, no logra serlo, su humor es incomprensible para un hombre cuerdo.

El hombre elige ser el héroe o el villano de su propia vida y la de los demás. El Guasón elige por lo segundo, su deterioro es grave y termina asesinando a las personas que lo acosan o se burlan de él y lo hace contra Murray Franklin (Robert De Niro) como si fuera una gran actuación, pues ya nada hay que perder. Se podría ser el héroe, eso es una elección que una persona cuerda, es decir, en contacto con la realidad, podría realizar, con gran esfuerzo ¡claro! pero se podría, ser paciente, tolerar el mal y decidir actuar contra el gran impulso destructivo, optar por el bien es una prerrogativa de todo ser humano, el Guasón no puede hacerlo dada su psicosis; un hombre sano o, al menos medianamente sano, sí podría.

Ser héroe o villano, elegir la paciencia y resistir los abusos dentro de cauces legales o, incluso perdonar; así como optar por la violencia y venganza son ambas conductas que van contra lo que habitualmente optarían los individuos que conforman un grupo, pocos actúan o pocos pasan a la acción. Eso convierte a los héroes o villanos en líderes, en personas antisociales, personas que van contra la actuación normal del grupo y contra la “norma” social habitual. El Guasón opta por la acción violenta que genera gran número de seguidores. Se puede ser un líder positivo o negativo; y, en cada uno de ellos hay grados, desde el líder positivo simplemente bueno o hasta un santo; y el líder negativo simplemente agresivo y rencoroso hasta el asesino consuetudinario, cuestión de elección.

Por supuesto, no hay héroe o villano, sin adversarios personales o adversidad impersonal; el Joker tiene múltiples agresores: unos niños, en el vagón del metro, su madre, su compañero de trabajo, Thomas Wayne, Murray,… casi quien se le atraviese, pues al final ya no tiene nada que perder.

En la vida real todo ser humano tiene agresores, siempre hay quien puede hacernos la vida de “cuadritos”, fragmentando nuestra paciencia y tolerancia, siempre se sufre el acoso de los otros que se convierten en verdugos o victimarios. Sin embargo, hay algo que no se debe olvidar: también cada uno de nosotros podemos ser agresores, a veces adrede, en ocasiones aún sin saberlo, hiriendo susceptibilidades o haciendo cosas que dañan u ofenden a otros, nadie está libre de culpa.

Con todos estos factores, a todo ser humano le llega el momento de inspiración o punto de quiebre, según sea el caso. El Guasón lo tendrá cuando descubre que había sido adoptado y objeto de abusos cuando niño. Otros lo tendrán cuando deciden vencerse a sí mismos y perdonar con firmeza. Son dos opciones: vengarse con rencor y resentimiento iniciando un interminable círculo de odio; o detener la acción de agresión contra uno, con un acto de perdón que detiene la línea del odio que proviene de los otros.

Al fin, el resultado, en ambos casos es transformar el mundo: el Joker logra crear un gran mundo de odio y destrucción; el que perdona, aquél que podríamos considerar el anti Joker, creará a su alrededor un gran mundo de aceptación y bien, al menos no arrojará un nuevo cerillo al bidón de gasolina del mal y tratará de generar el bien.

La elección queda así: la del Joker o el Guasón es la de darles lo que se merecen – incluida la muerte -, a quienes lo han agredido, sin misericordia alguna generando un infierno ya en la Tierra, “el infierno son los otros” y el justiciero soy yo; o el anti Joker concederles a los demás lo que, en el fondo, resulta inmerecido: el perdón, la aceptación, devolverles el mal con bien y así obrar lo contrario, aún a costa de sí mismo – eso es una cruz personal -, “el paraíso… son los otros”.

Después de ver la película cada quien tiene que cuestionarse a sí mismo y decidir: ¿Quieres ser el Joker o el anti Joker? Es tu decisión.

Hasta la vista.

Juan Carlos Barradas Contreras