La ética ¿Homofóbica y excluyente o inclusiva y filantrópica?

Hablar de principios éticos en estos tiempos no suele ser particularmente atractivo, ni popular; recurrir a argumentaciones fundadas en principios éticos actualmente, se convierte en motivo de desprecios y ataques, quien lo hace tendrá que aceptar el desplante de muchos, acusándolo de “conservador”, “cerrado”, “obtuso”, ultraderechista”, “intolerante” y, dependiendo del tema, “homofóbico”, “próvida”; dentro de los peores insultos: “religioso”, “católico”, “cristiano”, “fundamentalista”.

¿Cuál es el crimen cometido? Apelar a principios indiscutibles e inmutables ajenos al dominio de la voluntad humana.

Habría que comenzar precisando algo: la ética no existe como una entidad, no es algo; existe el hombre que mediante su inteligencia, en contacto con la realidad, la elabora como un producto de su mente; existe la reflexión ética fundada en el ser y naturaleza del hombre.

Lo anterior implica que hay que distinguir dos cosas. Una es que la ética posee sus propias evidencias; y, la otra, que dependerá de la voluntad de los hombres aceptarla; la claridad de las cosas está ante el entendimiento, consentir tales evidencias dependerá de la voluntad del ser humano, de cada uno como una opción personal.

La ética está en los principios expresados en el entendimiento, no es algo, ni alguien, simplemente es el criterio de acción que se funda en una cosa solamente: el hombre como ser personal posee una única naturaleza objetiva, es dueño de sí mismo, dueño de sus decisiones pero con el don de un modo de ser que debe obedecer, no se ha dado a sí mismo el ser, no es dueño de lo que le conviene o no, no puede determinar lo que es bueno o malo, eso es algo real, bueno es lo que lo perfecciona, malo es lo que lo daña. Esto no puede cambiar sólo porque a los seres humanos no les parece.

Bien es aquello que todos los seres apetecen, diría Aristóteles, lo que lo convierte en un fin, el fin de las cosas es su bien, aquello que les permite realizar su fin función y alcanzar su perfección. Caracterizado así, no todo podrá ser bueno, sino sólo lo que facilita alcanzar la plenitud porque está en consonancia con su propio modo de ser. Unos ejemplos aclararán esto.

A nivel sensible decimos que un sonido es bueno, por ejemplo, porque está dentro del rango de lo que el ser humano puede oír y además le resulta agradable, un sonido estridente o agudo no es bueno; la luz resulta grata y aceptable al ojo humano pues le permite ver, pero un exceso de luz no es buena, daña al ojo y le impide ver; el paladar y el olfato perciben los sabores y los disfruta, sin embargo, algunos olores y sabores fuertes provocan repulsión, como algo orgánico que se pudre, por ejemplo, no resultan buenos; el tacto disfruta del calor o del frío, pero en exceso lo queman y lo dañan, no son buenos.

A nivel intelectivo, la inteligencia humana está hecha para alcanzar el conocimiento de las cosas, el contacto con la realidad, de ella se enriquece y puede interactuar con el mundo con base en el conocimiento de los principios, así elabora la ciencia en el conocimiento del mundo y la sabiduría en el conocimiento del orden y sentido de las cosas; el entendimiento de los principios, el conocimiento de las causas de las cosas y la captación del orden y sentido del mundo enriquecen al hombre y le permiten desarrollar su ingenio y creatividad; todo esto es bueno porque su inteligencia cumple su función y se perfecciona. Salirse de este cauce destruye la inteligencia cuando pretende exagerada creatividad distorsionando la realidad o incluso intentando recrearla a su propio gusto y capricho, en un subjetivismo y relativismo que no resultan buenos.

A nivel volitivo, la voluntad se orienta al bien que le presenta la inteligencia, la voluntad busca lo que es bueno aquí y ahora, como el gusto, gozo o satisfacción que le proporcionan las tareas inmediatas que realiza, su trabajo o afición, los servicios que presta a los demás, que son buenos ahora y buenos para alcanzar una finalidad ulterior, es decir, le permiten obrar algo bueno ahora y le permiten alcanzar algo bueno después, poseen una trascendencia más allá del momento presente y del lugar concreto en que se encuentra el ser humano; por ejemplo, sirviendo a su propia familia, cumpliendo los deberes y siendo fiel a su esposo/a y responsable con sus hijos redunda en un bien presente y futuro pues se acrecienta con el paso del tiempo. Eso es bueno y lo malo aparece cuando el disfrute presente se paga con el sacrificio del futuro, como aquél que disfruta de placeres inmediatos que se le ofrecen – lo prueban o lo tientan -, como borracheras y placeres sexuales, por ejemplo y deja en el olvido las consecuencias futuras para su vida personal y la de los demás en su vida matrimonial y familiar.

La ética se funda en estas observaciones sobre lo que es bueno. ¿Quién lo determinó? Ningún hombre, ni la sociedad en su conjunto, simplemente así es lo bueno, porque así es el hombre y así puede alcanzar su fin. La ética es fría y exigente, los principios de lo bueno y lo malo se fundan en la naturaleza y así como no se puede transformar lo sensible de tal modo que para los ojos sea bueno ver al sol, tampoco se puede transformar que mentir sea bueno para la inteligencia, ni que disfrutar de los impulsos inmediatos o deseos desordenados sean buenos para la voluntad.

Simplemente los principios son así y expresarlos o determinarlos es tarea de una reflexión ética, apegada a la realidad y a los límites que impone la misma naturaleza, pero que son “límites” que sólo pretenden indicar por dónde no debe excederse el hombre para alcanzar su plenitud. Así, la ética no conoce de prejuicios fóbicos de cualquier especie, ni es excluyente de ser humano alguno, sólo invita a los seres humanos a andar por el camino que los puede llevar a su plenitud, disfrutando de una cosa: ser plenamente el ser humano que se es. Nada más.

La ética es para todos, es incluyente pues invita a todos a realizarse y les dice cómo y por dónde; es filantrópica pues sólo tiene una finalidad, que cada ser humano sea plenamente lo que es y no se pierda a sí mismo en el camino. Si se te dice dónde está el bien y se te previene señalando dónde está el mal, ¿qué hay de despreciable en eso?

Cuestión de pensarle. ¡Hasta la vista!

Juan Carlos Barradas Contreras

(Fotografía: De Flamenc – Trabajo propio, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=50249990)