¿Qué significa ser mujer?

Una pregunta que muchos se hacen, en estos tiempos donde todo se ha vuelto discutible es: ¿Qué significa ser mujer? ¿Qué es ser mujer?

Podemos intentar una respuesta desde el punto de vista filosófico. La primera respuesta obvia – obviedad que no lo es para muchos -, es que la mujer es hombre, es un animal racional, como lo expresaría Aristóteles. La mujer posee la misma naturaleza que el varón, ambos son hombres, es decir seres humanos. Esto señala que comparten una igualdad de naturaleza, en estricto sentido, son lo mismo, lo cual ya anticipa que cada uno, la mujer en el varón y el varón en la mujer, pueden encontrarse en el otro, pueden identificarse pues su ser es el mismo, cada uno podría decir: “tu ser es mi ser”, “me encuentro a mí en ti”.

Ambos comparten la misma naturaleza y, por lo tanto, ambos pueden llevar a cabo las mismas hazañas, fruto de su naturaleza espiritual que se expresa en las producciones intelectivas y volitivas. A lo largo de la historia, las mujeres han destacado en producciones intelectuales, ya sea en el ámbito filosófico o científico; también destacan en obras que suponen gran voluntad, ha habido mujeres que son líderes o directoras de todo tipo de empresas. Ambos poseen o pueden poseer las mismas virtudes, las fortalezas que provienen de su alma espiritual. Lo que no comparten es la diferencia en sus capacidades puramente corporales.

Si varones y mujeres somos lo mismo por esencia, ¿de dónde proviene la diferencia? No de la esencia, es claro. Si se analiza con calma, la diferencia es algo accidental, accidente en su sentido filosófico como algo que sobreviene a la esencia; siendo lo mismo, varón y mujer se distinguen por los accidentes que se le añaden y le otorgan una naturaleza específica, dentro de una especie ya existente, la especie humana. Somos lo mismo pero ya no lo mismo. El varón posee toda la potencialidad para dar la semilla de la vida y la mujer, toda la potencialidad de recibirla. Marca una enorme diferencia que va más allá de lo simplemente biológico para determinar toda la personalidad de cada uno con su sexualidad. La sexualidad es un accidente inseparable de la esencia humana.

Cada naturaleza incluye unas características que van unidas a ella, son las propiedades que, no constituyen la esencia pero que son propias o exclusivas y que sólo corresponden a quien posea dicha naturaleza. Así, es propio de la naturaleza humana reír, sin embargo, el hombre no es hombre porque ríe, sino porque piensa y quiere y, existen muchos hombres que no ríen. A la vez, en consecuencia, se pueden analizar las características que derivan de la naturaleza femenina y masculina, derivan de poseer el sello o carácter de mujer y/o varón. Propio del varón o de la masculinidad, es una tendencia de fortaleza, de dominio, de seguridad, de control, de posesión o de territorialidad; propio de la mujer o de la femineidad es su carácter más suave, delicado, sensible a los detalles, deseosa de protección o una mano fuerte que la proteja o cuide y de ordenarse al cuidado de los demás y de la belleza del entorno que la rodea. Estas propiedades masculinas y femeninas son algo que los hace totalmente complementarios, adecuación entre uno y otro que sólo puede darse entre seres iguales en naturaleza pero diferentes en características, sólo así pueden brindarle al otro aquello que le añade algo que no tiene, ni puede tener sino sólo recibiéndolo de otro, no es cubrir una carencia, sino aumento de perfección o un nuevo acabamiento.

Las propiedades de ambos, las propiedades femeninas y masculinas, son propiedades que no determinan la esencia, pero que se encuentran en ellas incluidas como sus derivaciones unidas a ellas, emanan de la esencia, no la constituyen; por consiguiente, ni todos los varones, ni todas las mujeres las presentan, lo cual, ni cambia su esencia, ni su naturaleza femenina o masculina; lo que sí es un hecho es que están latentes en su interior y tienden a manifestarse. Ni el varón será siempre fuerte o dominante y hasta algo “insensible”; ni la mujer será siempre delicada, femenina, detallista y deseosa de tener hijos; sin embargo, son tendencias o propiedades de su naturaleza que siempre están ahí y que, inevitablemente se esperan de ellos y ellas, porque siempre son propiedades de su naturaleza, no una mera expectativa social. Por descontado se da que, en ambos, en el varón y la mujer están todas las propiedades de la naturaleza humana que no son exclusivas de ninguno: la inteligencia, la fortaleza y sus derivados como son la ciencia, la inteligencia, la sabiduría y todas las virtudes son o corresponden como propiedad a ambos.

Todo esto lleva a concluir que el ser mujer incluye muchas cosas que son propias y específicas de ellas, como lo es su sensibilidad, su delicadeza, su propensión al cuidado del detalle, al orden, al servicio, a la amabilidad con los demás y, muy particular tendencia a la belleza, a ser bellas, a verse y sentirse bonitas, al fin y al cabo, por sus características, nunca dejarán de ser, la cereza del pastel del mundo humano y el ornato del Universo, ellas coronan con su ser o su esencia femenina, ese toque de delicadeza que el mundo necesita y que sólo ellas pueden dar.

Sólo podemos concluir dando gracias a Dios por el don de las mujeres, sin ellas el mundo carecería de ese gran colorido, atractivo y belleza que le brindan al mundo. ¡Gracias a Dios por ellas!

¡Hasta la vista!

Juan Carlos Barradas Contreras

Fotografía: By Sandro Botticelli – Adjusted levels from File:Sandro Botticelli – La nascita di Venere – Google Art Project.jpg, originally from Google Art Project. Compression Photoshop level 9., Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=22507491