¿Se puede vivir bajo principios en la época actual?

Lo que confronta a los seres humanos no son los temas – en todos hay confrontación -, lo que nos confronta es que para todos ellos – que no son otra cosa que áreas de vida de los hombres -, siempre hay principios, fundamentos objetivos que rigen la vida humana y que deben ser obedecidos, obediencia que no es precisamente una virtud vigente y querida en la época actual pues supone una gran dosis de humildad y el hombre de esta época vive del relativismo que hace de sí mismo la norma y el principio de vida.

De hecho, no debería o no podría haber confrontación si lo que moviera a los hombres fuera el afán de ceñirse a los principios que rigen los temas, principios que se encuentran en los objetos, son objetivos, no dependen de quienes los afirman, son así y ya, y existen evidencias de que así son, aceptar esto sería un motivo de acuerdo. Por ejemplo, todos reconocen la lealtad necesaria en el cumplimiento de un compromiso contraído, como algo indiscutible.

Lo que confronta no son los objetos, sino la pretensión de que los objetos sean como yo los pretendo y todos los demás deben aceptar mis preferencias, en consecuencia, no es que se respete mi persona y a la vez se distinga mi opción por el ejercicio de vida homosexual, por ejemplo, sino que todos me traten como si mi opción normalizara cualquier tipo de conducta por ser fruto de mi elección personal; o si me pretendo de un sexo distinto al que me corresponde, exijo que se me reconozca como si lo fuera; así varones que se pretenden mujeres; adultos que se pretenden niños y de otro sexo; humanos que se pretenden animales; niños que toman decisiones de adultos;… todos exigen que se les reconozca como si fuera real su ilusión. Todo porque ya no se admiten principios naturales de las cosas.

El principio que rige aquí es: “Se deben respetar las decisiones que una persona tome sobre sí mismo, puesto que la libertad humana posee capacidad definitoria sobre sí mismo y la propia naturaleza”. Sin embargo, se pierde de vista que ese principio debe – o debiera -, incluir a aquellos que decidimos que tenemos una naturaleza definida, irrenunciable e inmutable. Que se reconozca esta exigencia legítima es un derecho ¿No? En última instancia, constituye, para los demás, la misma “imposición” a la que ellos tratan de someternos, situación que nos pone en paridad de circunstancias con los demás.

El fundamento de la personalidad humana es el respeto irrestricto de los principios que lo definen. La personalidad existe ahí donde un hombre define su plan de vida personal basado en principios que lo distinguen, metas razonables por alcanzar y coherencia práctica de vida. Podrá no haber acuerdos entre los seres humanos, pero sólo así es posible dialogar, admitiendo que existen principios que nos definen y nos limitan, no puede haber diálogo donde toda opción personal es admitida como absolutamente válida.

Con la situación actual, ante la falta de principios, el que ha salido perdiendo es el ser humano; los principios no son normas arbitrarias o caprichos, son normas y reglas dadas para que el ser humano alcance su perfección, no son límites, son indicativos o señalamientos para alcanzar su plenitud. Cuando el hombre no los respeta, es cruel consigo mismo al perjudicarse con un daño auto infligido. Equivaldrían a los señalamientos viales, son para llegar con bien, no para restringir la circulación.

Ante el panorama actual se ha vuelto difícil vivir conforme a principios objetivos, toda vez que la normatividad actual exige vivir la subjetividad como centro y punto de referencia, constituyendo así un fundamentalismo laico o ateo. Hoy paradójicamente, en cualquier tema, podemos ser acusados de “ateos” si nos rehusamos a sacrificar incienso en las aras de los nuevos ídolos, en especial del ídolo supremo: la libertad del hombre, su falta de solidez intelectiva (estupidez) y relativismo intelectual, anejo a sus caprichos, berrinches y su voluntarismo auto exultante y auto exaltante. Vivimos en una era neopagana, sin principios, sin virtudes, sin valores y sin Dios.

Actualmente muchos tienen miedo de expresar sus principios, no vaya a ocurrir que sean demandados o requeridos legalmente, personas individuales y corporaciones enteras proceden así, si bien no transigen en los principios, sí los “maquillan” para que no se vean, piensan que tienen mucho que perder; olvidan dos cosas: una, que no se trata sólo de ser bueno, sino de parecerlo, tratar de disimular los principios buenos que rigen una conducta, puede equivaler a su negación o denostación; la otra, que si no dan muestras claras, testimonio de sus principios, esos no tienen nada que temer, ni nada que perder, si el temor a perder dinero, o a ser demandado o recriminado por proclamar los propios principios los hace esconderlos, en realidad ¡Ya lo perdieron todo! No poseen los principios que proclaman.

Así pues ¿Se puede vivir hoy conforme a los principios? Sí, sólo hay que tener firmes convicciones y carácter para hacerlo. ¿Se atreven?

¡Hasta la vista!

Juan Carlos Barradas Contreras

Fotografía: De yingjin – Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=84465421: