Ya en serio ¿Cuál es el sentido de la vida?

Cuando hablamos de “sentido” hablamos de la dirección en la cual debe encaminarse el flujo del movimiento, así hablamos del “sentido de una calle”, o de la dirección que debe adoptarse en la realización de una acción y nos preguntamos  “¿En qué sentido debe dirigirse una acción?”, como cuando se formula la pregunta: “¿Qué sentido tiene estudiar una carrera universitaria?”

Así, valga la redundancia, tiene sentido preguntarse ¿Cuál es el sentido de la vida humana? Porque supone que la vida humana está sometida a un dinamismo – movimiento -, lo que implica que es un tránsito hacia otra cosa y que el ser humano se encuentra en movimiento para llegar al fin de un camino.

Si hablamos de tiempo, hablamos de movimiento y, resulta muy claro que el hombre vive una vida temporal que, por larga que sea, durará un poco más de 100 años en casos muy excepcionales y poco frecuentes, pero la verdad es que durará 70 u 80 años que, “pasan aprisa y vuelan” como expresa el salmo 89, verdad que hay que aceptar aunque no sean creyentes.

Desde que nacemos corremos hacia la muerte, incluso algunos no han nacido y ya murieron, a otros los asesinan antes de nacer, tristemente. Lo cierto es que la vida humana se mueve y es legítimo preguntarse hacia dónde, ¿Hacia dónde se camina? ¿Cuál es el sentido de la vida? Lo que conlleva implícitamente preguntarse por el origen.

No pretendo resolver la pregunta en dos cuartillas, aunque se podría intelectualmente. La respuesta es sencilla, lo que es difícil aunque no complejo, es aceptarla con la voluntad y decidirse a vivirla.

La pregunta admite múltiples respuestas que en realidad se reducen a sólo dos grupos con múltiples variantes:

Una respuesta implica siempre que hay una realidad objetiva, esa realidad el hombre no la determina a su arbitrio, es lo que es y el ser humano está sometido o subordinado – bajo su orden -, a ella. Desde esta óptica las cosas no cambian en lo esencial, no se puede ni cambiar, ni darle ser a las cosas, el hombre está sometido al cambio, a la contingencia, lo que supone la orientación del corazón humano a una realidad que supere la temporalidad, cualquier cosa ubicada en el mismo plano espacio-temporal no es ni le dará sentido o satisfacción al ser humano, no pueden saciarlo. La trascendencia supone la finitud del ser humano. Lo temporal siempre será limitado y no podrá proporcionar al hombre toda la satisfacción que anhela.

En esta óptica se encontrarían Platón y su anhelo por la contemplación del mundo de las Ideas perfectas, universales y necesarias; Aristóteles promoviendo que la felicidad del ser humano se encuentra en la contemplación de la verdad; se encuentra en este grupo la perspectiva cristiana, que considera este mundo como pasajero y como plenamente real la vida después de la muerte. Aceptando la trascendencia, el sentido de la vida no lo confiere el hombre, simplemente lo acepta y procede a realizarlo.

La otra respuesta no niega la finitud del ser humano, sino lo que niega es la trascendencia. Aunque existe una realidad, esa realidad se convierte en algo relativo, el hombre no puede definir o determinar lo que existe, pero sí la naturaleza que tiene, así es el ser humano el que define el sentido, aunque también el único horizonte del ser humano queda restringido simplemente a una dimensión puramente temporal, a lo que se puede adquirir en esta vida sin mayor trascendencia. El hombre se disuelve en la contingencia y lo único que queda es aprovechar al máximo el tiempo, la vida de la que se dispone, mientras se dispone de ella. Nada más. Apunta, propiamente, al sinsentido de la vida, a la simple aparición del hombre en el tiempo y a su disolución en el mismo. Simplemente pasa.

En esta vertiente se encuentran muchas corrientes de pensamiento: epicureísmo o hedonismo que cifra el sentido de la vida en la pura satisfacción del hombre, el gozo o el placer; liberalismo que se centra en la libertad y en su satisfacción individual, es el individualismo; colectivismo que pretende que el sentido se encuentra en la subordinación total del individuo al colectivo social;  el sinsentido existencialista de Sartre que hace del hombre una pasión inutil; o Heidegger que hace del hombre un ser para la muerte; lo que predomina hoy es el irracionalismo que pretende que la vida no posee mayor sentido que el que el hombre quiera darle fruto de un voluntarismo absoluto. Todas estas vertientes explican el creciente aumento en el número de suicidios ante el vacío y el sinsentido de la vida humana.

Lo cierto es que el único modo en el que la vida puede poseer un sentido, es admitir que el hombre no es el centro, ni la medida de las cosas y, por consiguiente, el sentido de la vida es algo objetivo, independiente de la determinación humana, sólo así podemos hablar de una vocación porque el orden existente en el Universo – y a través de él Alguien me llama – es independiente del ser humano y me llama a ocupar un sitio que pueda contribuir a mejorar la realidad y el entorno, no se trata de “inventar” mi propio sitio, de cambiar o revolucionar el mundo o de ser totalmente creativo; si hay un reto que hoy todos los seres humanos enfrentan y puede causar inmensas frustraciones, es la imposición del mundo actual que le exige a todos, ante un universo carente de significado: darle sentido a su vida creando algo absolutamente nuevo que impacte la realidad de todos y otorgue valor y presencia a la vida individual de quien lo crea, quien no lo logre se disuelve en la insignificancia y la nada,  inmensa tarea que termina con la vida de muchos.

Así pues ¿El sentido de la vida? ¡Es fácil! El hombre no tiene que dárselo, ya lo tiene.

¡Hasta la vista!

Juan Carlos Barradas Contreras

Fotografía: De Emilio Rosenblueth – http://www.artnet.de/künstler/emilio-rosenblueth/el-pensador-jCBlLX7lab5lxvRdUvEzWg2, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=39722659